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Agentes de Bienes Raíces en Quiebra

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Es una mañana ideal para Carlos Justo. Cálida, llena de luz, con yates de lujo que se desplazan en las aguas azules del océano Atlántico y que él observa desde su apartamento en el piso 30.

Justo, un agente de bienes raíces de 53 años, ha estado en vela desde las 3:30 de la madrugada, pero no muestra señales de fatiga. Su vista lo abarca todo, no se pierde ningún detalle de lo que sucede en la calle, en los rascacielos contiguos, en la bahía.

"Nos hemos quedado sin un centavo", afirma Justo. Sigue hablando apresuradamente al tiempo que se pasea de una punta a la otra de la sala y por momentos mira por las ventanas.

"Pero hay mucho dinero por hacer", agrega con una sonrisa. "Estoy formando un equipo excepcional... el equipo de bienes raíces multimillonarios".

Cuatro integrantes del "Equipo Multimillonario" de Justo asisten a la reunión. Entre ellos, su abogado, su masajista, un representante del banco que tomará posesión de su penthouse y su decorador, un ex cliente dueño de una mansión valorada en 12 millones de dólares y el arquitecto que diseña la residencia de Michael Jordan en la Florida.

Justo habla sin pausa, por horas. El mensaje es que se va a recuperar y a seguir vendiendo propiedades.

La deuda de Justo asciende a los 20 millones de dólares. Desde hace cinco meses inició un proceso de quiebra general. El servicio de recaudación de rentas internas (IRS por su nombre en inglés) afirma que debe 6 millones de dólares en contribuciones atrasadas.

Sin embargo, el hombre no deja de soñar en grande.

Cuando llegó de Cuba a Estados Unidos no tenía un solo centavo. La vida de Justo es la típica historia de un hombre que sale de la nada para hacerse millonario.

Llegó a ser astro del programa "Million Dollar Agents" ("Agentes Multimillonarios") de la cadena especializada TLC. Aparecía en las columnas de sociales por sus ventas de mansiones a celebridades como Jennifer López, Shaquille ONeil, Versace, Gloria Estefan y Sylvester Stallone.

Al igual que otros titanes modernos, como Donald Trump, fue admirado por unos, despreciado por otros. La ambición, según reconoce, le sirvió de acicate en su ascenso. Y la arrogancia le garantizó su colapso.

La próxima vez, será diferente, afirma convencido.

Justo es un individuo de origen humilde, nacido en Cuba. En su vivienda natal no había electricidad, agua potable, ni desagüe.

Su familia llegó a Miami en 1967 cuando él tenía 11 años. Terminó la secundaria en la escuela nocturna a los 19 años, y aprendió inglés. Fue cuando compró su primera propiedad, una modesta casa de estuco con los 20.000 dólares que ahorró trabajando como conserje.

Para alguien que creció con tan poco, se metió sin problemas en el mercado de las viviendas millonarias.

En el 2000, fue el agente de la venta de una mansión de 19 millones de dólares de Ocean Drive donde fue asesinado el diseñador Gianni Versace.

Cinco años después, los bienes de Justo estaban valorados en 20 millones de dólares. El y sus agentes hicieron ventas por 200 millones de dólares en un sólo año. Era propietario de 12 mansiones multimillonarias en los sitios más exclusivos del condado, las cuales intentaba modernizar y venderlas con una vasta ganancia. Hasta que se cayó el mercado de las viviendas, desencadenando la crisis crediticia en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Inspirado por un ex compañero de trabajo, Justo ha estudiado filosofía budista y Nueva Era durante años, ha participado en retiros para meditar, centros espirituales y monasterios. Pero de alguna manera nunca absorbió por completo los conceptos de rechazo a la tenencia de bienes y la ambición hasta que cayó en la bancarrota.

Fue la experiencia que más lo asustó, más dura que las dos entrevistas que tuvo con Fidel Castro a mediados de la década de 1990, más sobrecogedor que confesarle a sus propios padres que era homosexual.

"El temor es algo con lo que no estoy familiarizado", destacó.

Fue duro porque tuvo que enfrentarse a la verdad: había fracasado.

Durante tres años, Justo había tratado de evitar acogerse a la ley de quiebras. Incluso llegó a recibir 15.000 dólares prestados de su madre de 85 años y 75.000 dólares de su tía de 83 años a fin de pagar sus deudas mensuales.

Cuando se dio cuenta que estaba por perderlo todo, Carlos Justo llegó pensar que era mejor dejar de existir. Pensó en suicidarse.

"Entonces comencé a pensar, estoy vivo, amo la vida. Tengo buena salud. No tengo cáncer", relata. "Me di cuenta que no necesitaba mucho para vivir", agregó.

Mientras va perdiendo mansión tras mansión, porque el banco le ha incautado cinco y parece que también perderá el penthouse, sus posesiones abarcan muebles, arte budista y trajes valorados en 6.000 dólares.

Justo insiste en que si vuelve a tener dinero, no volverá a ser tan tonto.

Bienes Raices Ahorre August 20, 2009 04:49 PM