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El Dirigente Equipos de Beisbol
Por Edwin Kako Vazquez de 1-800-BEISBOL - El dirigente de equipo es el hombre olvidado del béisbol, cuando el equipo gana, nadie se acuerda de él. Todos los elogios son para el lanzador que ganó el partido, o para el bateador que dio el batazo para producir las carreras de ganar, o el que voló la cerca, o para el fildeador que hizo la cogida clave.

Cuando el equipo pierde, entonces se responsabiliza al dirigente y se le achacan cosas en las cuales él nada tuvo que ver. La idea es culpar a alguien por la derrota, y el blanco más fácil parece ser el dirigente. A este respecto, la posición del árbitro tiene una gran analogía con la del dirigente.

Sólo que en el caso del árbitro, se gane o se pierda el partido, el árbitro es uno de los culpables (el otro es el dirigente del equipo perdedor). Lo que quiere decir que el árbitro en ningún momento es hombre olvidado, ni durante ni después del juego.

Más bien, el árbitro es hombre vilipendiado por los derrotados, o sus seguidores, o por ambos. El dirigente ganador escapa a la diatriba, mientras el dirigente perdedor corre la misma suerte del árbitro. La cuestión es fijar la culpa en alguien, haya o no-razón, por aquello de justificar la derrota.

Los árbitros deben merecer recibir elogios cuando se lo merezcan, no importando las circunstancias que sirvan de fondo a su actuación por aquella de “AL CÉSAR LO QUE ES DEL CESAR”. Dejemos un poco al árbitro, y entremos de lleno a ocuparnos del dirigente del equipo, el “HOMBRE OLVIDADO DEL DIAMANTE”.

Pongamos por caso, algunas jugadas donde muchas veces se denota la diferencia del juego, usando como base al dirigente y su logística al dirigir. Estamos en las postrimerías de un juego muy cerrado, la anotación de 2 carreras a 1 contra el equipo local, éste logra embasar el primer bateador de la entrada.

El dirigente ordena juiciosamente la jugada de sacrificio, a los fines de colocar al corredor en posición de anotar la carrera del empate del partido. El bateador no coge la señal convenida para hacer la jugada de sacrificio, y batea para doble jugada. El público grita y vocifera, y se deshace en improperios contra el dirigente inocente.

El público no conoce ni puede conocer las señales estratégicas, porque esas son secretas, y porque el conocimiento técnico del público no alcanza hasta ahí.

Vamos a otro caso, supongamos que el bateador intenta el toque de sacrificio y le sale un globito a las manos del lanzador, o del defensor del primer saco, y también se hace la doble jugada. Ufffff, amigos, aquí el dirigente coge su agüita y sufre de las consecuencias. ¡Y que mandar a planchar a ese jugador!, ¡Con lo bien que le da a la bola!.

Se ve, pues que el dirigente reza aquello que dice: “Palo si bogas, y si no bogas, palos". En otro ejemplo craso de toda ésta manipulación, el equipo local entra a batear en su última mitad de la novena entrada, con la anotación 1 por 0 en su contra. Con dos hombres fuera, el próximo bateador se embasa por error, el bateador de turno es el lanzador, quien es sustituido por un bateador emergente, conecta un batazo de tres bases empatando el juego.

Al dar comienzo la décima entrada, como es natural, el equipo local tiene que usar otro lanzador, a quien le hacen dos carreras. Al no poder hacer nada en su turno de bate, el equipo pierde el partido 3 por 1. También el dirigente es blanco de críticas, y de los vilipendios de todas clases. ¡A quién se le ocurre sacar a un lanzador que estaba tan bien!.

No se le ocurre a los expertos o dirigentes de galería darle crédito al dirigente por haber usado al bateador emergente que empató el partido. No, lo único que recuerdan las mentes cargadas de prejuicios es que el dirigente sacó al lanzador, y el sustituto fue vapuleado. De no haberse cambiado al lanzador, pregunto yo, ¿se hubiera empatado el juego?.

Lo probable es que no, habida cuenta de que sí bien es cierto que el lanzador lo estaba haciendo bien como tal lanzador, la verdad es que como bateador nunca sacó la bola más allá del cuadro.

Ja, ja, ja, ja, perooo hay que culpar a alguien y ese alguien es el dirigente, en la victoria, los elogios se los llevan los jugadores por su bateo o fildeo, en adición, por su actuación en el diamante.

Eso es lo que el público puede ver, lo que está de frente a sus ojos, lo otro, lo técnico, eso no lo puede ver el público, pero la crítica con aplomo, claro, hay adivinación o albur, y hasta riesgo cuando surge una alternativa. Pero, cuando no hay alternativa, no puede haber siquiera duda en la forma de uno decidir o actuar.

Mil y tantos casos como los anteriores se pudieran citar sin mucho esfuerzo mental. Casos arrancados de la vida real de los diamantes de béisbol. Pero basta con los ejemplos citados para demostrar que el dirigente siempre está en entredicho con los espectadores, que son otros tantos dirigentes amparados en la adivinación tardía.

El público juzga una actuación después de consumida, el dirigente tiene que tomarse unas decisiones al minuto y esas decisiones siempre informan una alternativa. Lo doloroso es que nadie le da crédito al dirigente cuando decide bien. El crédito se lo dan al que ejecuta lo ordenado por el dirigente.

Cuándo decide mal, el dirigente paga la prenda, el que ejecutó mal la orden se salva también de la crítica si las cosas le salen mal, y silencio o elogios para el ejecutante cuando salen bien, ufffff, increíble, ¿verdad amigos?, ¡Posición cruel la del dirigente!.

Como entrenador y dirigente que soy, conozco al dedillo toda ésta propaganda que se suscita cada día de juego.

LOS DEJO CON ESTO: “SOLAMENTE LOS PRIVILEGIADOS QUE CONOCEN DE BÉISBOL, SABEN QUE PUEDEN LLEVAR UN CABALLO A BEBER, PERO NO SE PUEDE HACER QUE EL CABALLO BEBA"