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Pelotero Carlos May de Beisbol |
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Por Edwin Kako Vasquez de 1-800-BEISBOL - A mediados a agosto de 1969 el gran pelotero Carlos May fue víctima de un raro accidente mientras entrenaba en la Reserva de la Marina. Perdió el pulgar de la mano derecha y la mutilación amenazó seriamente su carrera. Este gran pelotero armado de paciencia y voluntad ganó la batalla más dura de su vida.
Gracias su gran esfuerzo y dedicación pudo mantenerse como titular de las Medias Blancas de Chicago. En 1969 con 21 años de edad May se encaminaba a proclamarse Novato del Año de la Liga Americana. En (100) partidos había bateado (18) jonrones y había impulsado promediando (281).
Con la Reserva de la Marina había aprendido a manejar casi todas las armas livianas. A principio de (1969) fue asignado al Segundo Batallón del Vigésimo-cuarto Regimiento con sede en Chicago. La tercera semana de agosto de ese año fue asignado para entrenamiento de dos semanas en Camp Pendleton, California.
Era domingo cuando Carlos arribó a la base para sus entrenamientos que comenzarían al día siguiente. Llegó el lunes y May fue enviado a entrenarse en el disparo del mortero. Cada mortero disparaba la cantidad (6) proyectiles simultáneamente hasta que el arma dejaba de arrojar las granadas.
Luego se procedía a limpiar el mortero con una esponja y una varilla de acero para revisar si no habían quedado restos que pudieras resultar peligrosos. Carlos examinó el arma para cerciorarse que estaba descargada y se colocó de lado y agarró la boca del mortero con la mano derecha.
Lo único que el pelotero recordó es que fue zarandeado violentamente, la varilla, la esponja y una granada atascada volaron por le espacio. El pulgar de la mano derecha fue desprendido más abajo de la coyuntura.
El resto del dedo quedó incrustado en la muñeca y un compañero vendó rápidamente la mano antes de Carlos viera el horrible muñón sangrante. Otro compañero encontró el trozo del dedo a 50 pies del mortero.
Carlos fue operado unas horas después, era la primera de cuatro que habría de sufrir para corregir parte del daño. Apenas terminó la operación, Carlos y su esposa Margaret comenzaron a planear su regreso al béisbol. En el mismo hospital ella rodaba una pelota hacia el pelotero mutilado y este la recogía con la mano lesionada para aprender un nuevo agarre con cuatro dedos.
Para alertar su vista practicaba “pepper game” en la habitación y se hacía tiradas con su esposa para aprender a dirigir la bola con precisión con el nuevo agarre. May no se inmutó cuando le removieron el yeso y pudo ver por primera vez el escaso tuco que le quedó de lo que fue su pulgar derecho.
Posteriormente fue operado para depositar tejidos de un muslo sobre el extremo derecho superior de su muslo. Las quemaduras sufridas en la mano derecha y el rostro en el accidente, habían sanado. La única preocupación de Carlos era si podría batear y tirar como antes, sin su pulgar derecho.
Otras operaciones le fueron hechas en el Hospital Naval en Long Beach, California y su mano lesionada fue adherida al vientre para que tomara tejidos saludables. Era octubre amigos lectores y los Mets estaban derrotando a los Orioles en la Serie Mundial. Tres semanas después desengancharon su mano derecha del vientre y comenzó a sanar rápidamente permitiéndole pasar los fines de semana en su residencia.
Carlos volvió a practicar el nuevo agarre y lanzaba la pelota suavemente, pero con precisión. Con Margaret haciendo de receptor. Finalmente le removieron el último enyesado y había sanado por completo. La mano estaba libre para seguir sus prácticas rehabilitadoras.
Cerca de su casa había un solar libre y May bateaba suavemente pelotas que le lanzaba su esposa. Practicó el agarre y cada vez lo hacía mejor continuando los ejercicios hasta noviembre, diciembre de (1969) y enero y comienzos de febrero de (1970).
Cuando May se reportó a los campos de entrenamientos de las Medias Blancas en Sarasota, Florida, el 20 de febrero desde las tribunas su esposa lo alentaba. May probó que podía batear bien y al firmar su contrato para (1970) le concedieron un aumento. Le preocupaba que actitud tomaría hacia él dirigente Don Gutteridge.
Llegaron los primeros juegos de entrenamiento contra los equipos de la Liga Americana. May fue enviado de emergente y conectó una línea de hit al bosque central. Hubo una algarabía en el dug-out de los Media Blancas alguien gritó: “TODAVÍA PUEDE BATEAR COMO ANTES”. Aquel grito jubiloso de un compañero reafirmó amigos la indestructible confianza de Carlos May.
Días más tarde recibió la oportunidad de empezar jugando en el bosque izquierdo en un partido frente a los Medias Rojas de Boston. Mike Ryan conectó un sencillo hacia la el bosque izquierdo, cerca de la línea de foul. Recordando la mano derecha mutilada de May, el bostoniano trató de estirar el batazo a doble. Grande fue su sorpresa cuando lo estaban esperando a una yarda de la almohadilla tras un disparo certero y poderoso de May.
Hubo otra algarabía en el dug-out, esta vez a coro gritaron: “¡TODAVÍA PUEDE TIRAR COMO ANTES !”Carlos sonrió feliz allá en el bosque izquierdo y su esposa lloraba de felicidad en las tribunas.
Ente ambos habían logrado el casi milagro que muchos creyeron imposible, el con su fe, determinación y voluntad, ella alentándolo, compartiendo los ejercicios de rehabilitación y proporcionándole un esfuerzo adicional a la confianza que siempre tuvo el pelotero mutilado. |