Crisis del Sector Inmobiliario 2008
El año 2008 será recordado como el año en el que una crisis limitada al sector inmobiliario estadounidense hundió al sistema financiero.

Se han registrado caídas sin precedentes de los precios de la vivienda en el país, de la confianza de sus consumidores y de la morosidad de los pagarés de empresas a nivel internacional.

Al mismo tiempo, la gran demanda por los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 30 años ha reducido su interés al 3.44 por ciento, otro nivel récord, que refleja el miedo de los inversores a poner el dinero en cualquier activo con un atisbo de riesgo.

Nadie lo habría dicho hace un año. Entonces los problemas estaban limitados a las hipotecas de riesgo estadounidenses, otorgadas a personas con mal historial de crédito, y se hablaba de una ralentización de la economía, pero no de caída libre.

El subprime es un segmento pequeño del mercado hipotecario de Estados Unidos, pero mira la crisis mundial a la que ha llevado.

El salto de la morosidad en esas hipotecas fue el resultado de la explosión de una clásica burbuja de precios hinflados, en este caso de las viviendas.

Lo que es diferente esta vez es que los bancos empaquetaron y reempaquetaron esas hipotecas en títulos complejos, de forma que al final ni siquiera los directivos de las entidades que invirtieron en ellos sabían lo que habían comprado.

Pese al bajo coste del dinero, el crédito hipotecario, al consumo y a las empresas es escaso, porque los bancos temen prestar.

El Banco de la Reserva Federal ha adoptado una extensísima lista de medidas heterodoxas para inyectar liquidez, desde la compra directa de pagarés de empresas hasta la adquisición de títulos hipotecarios.

Para su último programa usará como máximo 800,000 millones de dólares, que se añaden a los casi 900,000 millones en préstamos de todo tipo que ha extendido hasta ahora.

Por su parte, el gobierno logró que el Congreso aprobara rebajas tributarias de más de 150,000 millones de dólares en la primera mitad del año y de un fondo de 700,000 millones para intervenir en los mercados en la segunda mitad.

Con ello, los analistas prevén que el déficit público supere un billón de dólares este año fiscal, que comenzó en octubre, lo que sería otro récord para olvidar