La manifestación es considerada la más grande protagonizada por inmigrantes que se haya registrado no sólo en Los Ángeles (superando por mucho a la de 150 mil personas que marcharon en la ciudad en 1994 contra la propuesta 187), sino en Estados Unidos, y tuvo en el alcalde Antonio Villaraigosa a uno de sus principales oradores.
"Los inmigrantes hemos construido este gran país. Y por eso no vamos a tolerar una ley antiinmigrante", aseguró el alcalde en un discurso que fue ovacionado a rabiar por una muchedumbre que le aclamaba desde el corazón de Los Ángeles.
Banderas de México y Estados Unidos; imágenes coloridas de la Virgen de Guadalupe; consignas a favor de una amnistía para los 12 millones de indocumentados que viven y trabajan en EU. Pancartas de rechazo a la iniciativa de ley Sensenbrenner (HR 4437), que pretende criminalizar a los inmigrantes indocumentados y a quienes los defienden.
Los manifestantes desbordaban las escalinatas del City Hall (la alcaldía) de Los Ángeles.
"El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, y el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tienen que escuchar nuestro mensaje. No pueden ignorar el reclamo de nuestra comunidad que hoy ha dado muestras de una ejemplar fuerza y unidad", dijo Villaraigosa.
Rodeado por un ramillete de líderes comunitarios, dirigentes políticos y religiosos y una pléyade de artistas, intelectuales y sindicalistas, Villaraigosa hizo honor a su palabra de acompañar a los inmigrantes en la más importante movilización a favor de una reforma migratoria amplia y justa.
Padres con sus hijos en hombros; madres empujando carritos de bebé adornados con las banderas de México y Estados Unidos; jóvenes pertrechados con banderas y con el rostro pintarrajeado; viejos trabajadores braceros que, con escaso aliento, llegaban para sumarse a la multitud. Todos ellos entonaban el "¡Sí se puede!" y el "¡Aquí estamos, y no nos vamos!", que han caracterizado al movimiento de la comunidad inmigrante en EU.
La vocera de la policía de Los Ángeles, Sarah Faden, dijo a EL UNIVERSAL que hasta poco antes del mediodía la cifra de manifestantes se estimaba en 500 mil. Al término de la marcha, los organizadores hablaron de una cifra mucho más alta. Ben Monterroso, del Sindicato de Empleados de los Servicios, así como el concejal de Maywood, Felipe Aguirre, aseguraron que la marcha tuvo más de un millón de asistentes.
Sin embargo, Sandra Escalante, también portavoz de la policía angelina, reportó que para esa corporación la asistencia fue de alrededor de 200 mil personas. Por su parte, el alcalde Villaraigosa habló también de 500 mil participantes: "Este es un país construido por los inmigrantes y estoy orgulloso que hoy 500 mil personas vinieron aquí a protestar".
"Esperamos que el presidente Bush escuche nuestro mensaje y apoye una reforma migratoria que garantice el camino hacia la ciudadanía de los indocumentados", aseguró Fabián Núñez, el líder de la mayoría demócrata en la Asamblea de Sacramento.
En medio de la algarabía, un solitario simpatizante de los Minuteman tuvo la osadía de plantarse entre la multitud y lanzar consignas a favor de la labor del cierre de la frontera con México, desatando la inmediata respuesta de los manifestantes que, tras abuchearle, lo persiguieron hasta acorralarlo y entregarlo a la policía.
"Antes éramos una minoría y no podíamos defendernos de este tipo de actos de racismo. Ahora somos mayoría y no vamos a permitir que los racistas de los Minuteman nos vengan a provocar", dijo indignada María del Rayo Rea.
"Yo limpio todas las días mansiones de lujo en Beverly Hills, pero hoy les dije a mis patrones que lo sentía mucho pero que tenía que venir a la marcha. Yo ya soy legal. Pero tengo familia que trabaja muy duro y que sigue en la ilegalidad. Por eso vine a pedir una amnistía como la que me permitió a mí arreglar mis papeles", dijo María mientras se apretujaba entre la multitud que desbordó las principales calles y avenidas de Los Ángeles.