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Viajar y Conocer a Nueva York
Nueva York: un viaje por la ciudad de las artes Juan Fernando Merino/edlp Como bien saben los viajeros pertinaces, en toda gran urbe coexisten varias ciudades subyacentes, que a unos cuantos les es dado explorar, a otros imaginar y a los más afortunados, recrear. Nueva York, por supuesto, es óptimo ejemplo.
Suele haber una ciudad literaria (que en su caso incluiría la supuesta oficina de Bartleby el Escribiente y el parque Washington Square de las novelas de Henry James y Edith Wharton), una ciudad cinematográfica (que cuenta incluso con un mapa que incorpora los escenarios en Manhattan de las películas más célebres), una ciudad deportiva, otra televisiva...
Desde luego existen además la subyacente ciudad festiva, la desmesurada, la prohibida —que también tiene sus devotos cartógrafos—, la musical, la danzarina, la ciudad metro a metro, la apocalíptica, la soñada...
Entre todas esas ciudades coexistentes en una sola, pocas han alcanzado o van a alcanzar mayor esplendor que aquella intemporal ciudad de las artes que tiene a La Gran Manzana como su capital.
Nueva York se jacta, y seguramente no le falta razón, de contar en su perímetro metropolitano con algunos de los museos de arte más célebres del globo (el MET, el MoMA y el Guggenheim para citar sólo tres gigantes), algunas de las galerías más cotizadas del país —en la actualidad no solamente en Chelsea, Soho y Midtown sino en muchos puntos de la ciudad—, así como las sedes principales de Sotheby`s y Christie`s, las dos casas de subastas de arte más renombradas a nivel internacional.
De los tres grandes podemos adelantar algunas noticias para los visitantes del verano: el Guggenheim ofrece una gran retrospectiva del escultor español Jorge Oteiza fallecido en el 2003 y una serie del controversial fotógrafo Robert Mapplethorpe inspirada en la tradición clásica; el Museo Metropolitano (el legendario MET) incluye entre su docena de nuevas muestras temporales una retrospectiva hasta el 10 de julio de Max Ernst, uno de los más enigmáticos pintores modernistas; por su parte el Museo de Arte Moderno (MoMA) —reabierto en todo su esplendor hace pocos meses después de un prolongado trabajo de renovación —presenta entre junio y septiembre una espectacular exhibición dedicada a los trabajos de Paul Cezanne y Camile Pissarro realizados entre 1865 y 1885.
Igualmente en el Centro para las Artes DIA Día Beacon durante todo el verano está a la vista del público una amplia muestra dedicada a Andy Warhol; en la galería Remy Toledo una retrospectiva del pintor colombiano Luis Caballero, en Japan Society “Historia de la Historia” del aclamado artista japonés Hiroshi Sugimoto, en el Museo Whitney de Arte Americano la exposición de Robert Smithson, uno de los pintores claves de este país durante los años 70.
Por su parte el Instituto Cervantes clausuró recientemente su exposición dedicada al escultor Julio González y ahora expone al aire libre la muestra “Diálogo Silencioso”, del escultor Francisco Leiro, en la Plaza Dag Hammarskjöld, frente a las Naciones Unidas.
La lista completa de muestras en las galerías privadas se puede obtener en los folletos o revistas disponibles en la mayoría de ellas.
También se encuentra un extenso listado en el portal www.galleryguide.org. Por cierto, son muy pocas las galerías neoyorquinas que restringen la entrada durante la recepción inaugural, que se convierte así en una buena oportunidad de conocer al artista —de cerca o de lejos, dependiendo de lo famoso que sea y de su círculo de admiradores o ausencia de círculo— mientras se brinda con un vino de la casa.
Los jueves por la noche en particular son una buena ocasión para recorrer distintos sectores de la ciudad y visitar exposiciones en su noche inaugural. Las zonas más indicadas para estos recorridos son Chelsea, The Meat Market District, Soho, Williamsburg en Brooklyn y Long Island City en Queens.
Pero aparte de algunas luminarias que hemos mencionado medran en la ciudad toda una serie de entidades grandes, medianas y pequeñas —y también minúsculas, incluso casi clandestinas— que contribuyen cada cual a su manera a multiplicar las posibilidades artísticas y culturales de la ciudad y a propiciar un intercambio vital de búsquedas e ideas que hacen de Nueva York un caldero de fusiones y un epicentro de creatividad. ¡Y quién sabe! Puede ser que alguna de esas galerías diminutas o fundaciones semi-privadas en las que no entra casi nadie en el transcurso de un día entero, encierren un tesoro invaluable que espera a ser descubierto por un intrépido viajero.
Por supuesto, cada visitante a la ciudad se traza su propio mapa de recorridos, exploraciones y preferencias. Pero para ayudar a los viajeros primerizos y a los que aún no son muy duchos dentro de esta gigantesca y por momentos abrumadora ciudad de las artes, Nueva York ha dispuesto, para simplificar, una especie de barrio de las artes al que ha asignado el nombre de “Museum Mile” o “La Milla de los Museos” (ver recuadro).
Desde luego esta concentración de museos en un área relativamente reducida no debería ser óbice para que los visitantes más curiosos y explorativos se adentraran por otros recovecos de Manhattan que albergan museos grandes o pequeños, galerías fastuosas, modestas o alternativas...
Y, si cuenta con un poco más de tiempo y entusiasmo le aconsejamos enfáticamente abordar un autobús, un tren metropolitano, un ferry o un bote para explorar los otros condados, que albergan museos tan notables como el Brooklyn Museum of Art —que hasta septiembre presenta una fabulosa muestra de Monet en Londres—, el PS1 y el Museo Noguchi en Queens, el Bronx Museum of the Arts y el Raynham Hall Museum en Long Island.
Si el viajero únicamente tiene tiempo para visitar una entidad artística en Nueva York, seguramente debería optar por el famoso Museo Metropolitano o MET, el museo de arte más grande en el hemisferio norte, con cuatro manzanas, un total de dos millones de pies cuadrados y una colección de arte permanente de 3 millones de obras... Haciendo la salvedad de que se aconseja tener de antemano una idea de las muestras temporales o permanentes que se desee visitar.
Porque es tan inmenso este museo que se habla de quienes jamás han logrado salir del todo: una vez que conocen algunas de sus maravillas y tesoros muchos visitantes parecen quedar hechizados y siguen volviendo una y otra vez el resto de sus vidas en un viaje con muchos retornos y sin final a la vista.
Ahorre June 23, 2005 04:42 AM | Huatulco Travel